En marzo del año 1952 el conocido diario «Informaciones de Madrid», que se caracterizaba por la divulgación de estudios técnicos y científicos al público, reprodujo una nota de la agencia S.P.A. en la que se afirmaba, tras arduas investigaciones, la influencia de los perfumes que se empezaban ya a comercializar a gran escala en España, produciendo ciertos efectos, no solo en las personas, sino también en las cosas. Asimismo, aseguraba que el aroma de narciso aumentaba la presión sanguínea, y que incluso, a quienes lo usan con asiduidad les causaba un efecto deprimente sobre el ánimo. En cambio, los aromas de pomelo, naranja y menta tenían Sus vapores afectaban al engrase utilizado en la maquinaria un efecto estimulante y positivo sobre la mente, como el anís estrellado, que ayudaba a aumentar la vitalidad y a levantar el estado de ánimo, al contrario de los efectos que produce el aroma de té verde, que proporciona al instante una sensación de calma y bienestar. Sin embargo, el perfume de rosas era capaz de acelerar la actividad cardiaca, y no solo eso, sino también de detener la marcha de un reloj. Los expertos relojeros de la época, según esa misma información, atribuían esta peculiaridad a que este perfume era muy aromático, y a que como los relojes de la época no eran tan herméticos como los de hoy en día y los perfumes muy fuertes, eso hacía que estos vapores del perfume afectaran a la composición del engrase utilizado en los engranajes de la maquinaria y en los aceites de los rubíes, secándolos y haciendo que se detuviera la maquinaria y, por lo tanto, el funcionamiento del reloj.
